sábado, 5 de abril de 2014

No, no, no a las malas constumbres...

Malas constumbres tenemos muchas. Una de ella y quizás es la que nos haga ser infelices muchas veces es pensar que las desgracias solo les pasa a los otros, que viviremos siempre, reímos poco y a veces todo lo dejamos para mañana. 

Decimos muchas veces cuanto echamos de menos a otros y pocas veces le damos solución, cuando sería muy fácil hacer una llamada de teléfono y quedar con ellos para vernos y así problema solucionado y si no podemos vernos siempre existen las cartas, los email, los mensajes. Pero no lo hacemos y mañana te llamo se convierte en meses, nunca llamamos ni nos vemos y quizás luego sea tarde y entonces nos arrepentimos de no haberlo hecho, siempre buscamos excusas y nos lamentamos.

Tardamos en valorar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna todas las noches. 

Los pequeños detalles importan, cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”.

 ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?. Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona. Asustaste el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti. Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre. Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos. Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno. Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo. Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien. 


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